lunes, 27 de enero de 2014

Cartes



La vida me ha llevado sin que oponga mucha resistencia a trabajar con un montón de lineas y polígonos georeferenciados que juntos hacen sentido. Las últimas ciudades que he conocido las recorro primero con el dedo en un mapa impreso o con el mouse de la computadora.  
Arranque este texto de la revista de la aerolínea en la que viaje a París. 
No puedo recordar con exactitud si fue de ida o de regreso. 
Así también de frágil es la memoria.  

Precision is the first thing we expect from maps. After centuries of myths, approximations and errors, they’re finally accurate, with the help of satellite observations and computer networks. These days it’s hard to get lost. Even the cosmos has its maps, planes have been inventoried, galaxies numbered. It should no longer be a question of imaginary maps, a subject relegated to a bygone era, when the Middle Ages believed that a great ocean surrounded inhabited lands; one of vast empty regions not navigated by 19th century explorers.
Yet this overlooks the fact that every map, however accurate, fuels the imagination, and that it is just this paradox that brings it to life. A map is the abstraction of a landscape, just as a blueprint is the abstraction of a city. No one would argue that a map alone could convey the visual context of this landscape or the ambient noise, winds and odors. Travelers gazing at a map while flying over Siberia, Oregon or the Amazon wonder what they’d see if the aircraft were to suddenly land:  what would it look like? Photography and films help, as do snippets of things you’ve read. Yet it is the imagination, with its fragments of facts and memory, that weaves dreams about Siberia, Oregon or the Amazon, and there’s nothing more exhilarating elements, conjuring up rivers, mountains, trees.

The mind progresses through this space being formed before it and for it, growing richer and deeper every moment. The mind plays out scenes as it pleases, projecting intimate movies, childhood memories, passages read. Maps also serve this purpose: they are the theaters of these dreams, soon to be forgotten. Their flawless scientific truth, albeit significant, is only one of their merits, for this truth is overwhelmed by the need to imagine, which lives on in everyone- at least one hopes so. 
Text by Philippe Dagen


jueves, 26 de diciembre de 2013

Escape en caso de emergencia


Letras prestadas de aquí 


Tal vez “adiós” sea la palabra más triste de nuestro vocabulario.

Tal vez “adiós” sea la acción más cruel del ser humano.

Nunca me han gustado las despedidas, fingir fortaleza, olvido, contener las lágrimas, guardarte un abrazo por temor a perder el control y desmoronarte en la sala de un aeropuerto.

Creo que esa no es la peor parte, la situación más dolorosa se presenta desde el momento en que te enteras que alguien se va, no importa el tiempo, lo que importa es la ausencia, el vacío.

El proceso de mentalizarte y ser capaz de asimilarlo es una verdadera mentada de madre, admiro a la gente que es capaz de guardarse para ellos mismos su sentir, espero tengan una receta y sean tan amables de compartirla porque yo me cansé, no tengo por qué guardarme nada...

Erróneamente, en el pasado, preferí huir, acobardarme, alejarme por temor a sentir un intenso dolor a causa de una partida, no hay nada más fácil y más incómodo en este mundo que escapar. Sí, escapar de las situaciones que duelen, matan y queman.

martes, 24 de diciembre de 2013

De abandonos


Todo es culpa de nuestra historia de abandonos. Los pasados, presentes y futuros abandonos fantaseados y temidos. Todos, con gran certeza, decimos que nuestras huellas de abandono nos han vuelto defensivos, celosos, posesivos, demandantes, agresivos, depresivos, ansiosos o abandonadores compulsivos...

Todos somos incongruentes cuando se trata de estar incondicionalmente al lado de alguien, porque nos gana el egoísmo, nuestras vidas ocupadas, nuestro potencial agresivo, nuestros deseos de castigar mediante el silencio. Decimos que amamos pero abandonamos. A nuestra pareja cuando está en un mal momento, porque nos llena de angustia darnos cuenta que amar es sobre todo, amar la sombra en el otro. A veces elegimos profesiones u horarios de trabajo (inconscientemente) que nos garanticen distancia de la gente que decimos querer y terminamos abandonando a esos por los que trabajamos sin descanso, pero que nunca tenemos tiempo de ver.
Abandonamos cuando no nos interesamos en lo que nuestra pareja, hijos, amigos, compañeros de oficina… sienten, hacen, viven. Buscamos una actualización general de sus vidas, para quitarnos la culpa de encima. Le hablamos a nuestra madre una vez a la semana, la invitamos a comer los domingos. Todo para sentirnos menos malos hijos.
Se nos olvidan los detalles cotidianos que los otros nos refieren con pasión y nos justificamos diciendo que somos distraídos y desmemoriados. La realidad es que abandonamos al otro cuando su mundo nos genera bostezo e indiferencia. Pero así somos todos a veces, porque a ratos no podemos ni con nosotros. Porque de vez en cuando la vida es difícil o poco interesante y hacemos magia para intentar conservarnos motivados.
...

El miedo al abandono se resuelve rehabitando el yo de maneras gozosas y creativas. Recuperando el sentido de plenitud que tiene existir, desarrollando la capacidad de disfrutarnos estemos solos o acompañados. Como dice Comte Sponville, estar vivos y no muertos debería bastarnos.
Sí. Los abandonos son parte de la historia, pero jamás la historia completa. Y como siempre, es mucho más útil mapear y combatir nuestra forma particular de abandonar-nos y de abandonar a los otros. Porque a los otros les podemos demandar, exigir, suplicar o gritonear atención pero jamás la conseguiremos, si no nos la quieren dar.
El otro día pensé que solo se trata de intentar, todos los días, ser un poquito menos miserables. Nada espectacular. Sólo cuidarnos un poco más. A nosotros. Y a los demás. 

Fragmentos que hacen sentido tomados de aqui 

sábado, 23 de noviembre de 2013

Catarsis


Le roban a uno hasta las ganas de entrenar y es que como no, si te quitan con tanta facilidad casi todo lo que llevas terminando de correr (1h 20 min a 6.15 el km), en el mismo lugar en el que llevas entrenando por tres meses algunos días a la semana. No corri ayer, no corri hoy, y eso en un entrenamiento de 12 semanas para maraton no es nada inteligente lo sé, pero no tengo ganas de ponerme los tenis por unas horas aunque falten dos semanas nada mas.

Y ya sé que el running no tiene la culpa, mañana es mi último chequeo de los 21km, ya veremos.