jueves, 20 de octubre de 2016

233° C




"Los libros no dicen nada. Esto son novelas, tratan de personas que jamás han existido. Las gentes que las leen están descontentas con sus propias vidas y quieren vivir de otro modo que jamás podrá ser en la realidad. Pensadores, filósofos, todos dicen lo mismo: “Solo yo tengo razón, los demás son idiotas”. Biografías, todo historias de hombres muertos, lo que buscaban era destacarse de la masa. Ser distintos, con derecho a despreciar a los demás. Éste debe de ser muy profundo... la "Ética de Aristóteles", cualquiera que lo haya leído, a la fuerza ha de considerarse superior al que no lo ha leído... y es inútil, compréndalo, todos hemos de ser iguales. Sólo se alcanza la felicidad estando todo el mundo al mismo nivel, Por eso debemos quemar los libros, Montag... todos los libros."

Farehheit 451 (MONOLOGO DEL BOMBERO JEFE)

miércoles, 19 de octubre de 2016

Convulsión



Qué fácil callar, ser serena y objetiva con los seres que no me interesan verdaderamente, a cuyo amor o amistad no aspiro. Soy entonces calma, cautelosa y perfecta dueña de mi misma. Pero con los poquísimos seres que me interesan... Allí esta la cuestión absurda: soy una convulsión. 

Alejandra Pizarnik

miércoles, 24 de febrero de 2016

De olas y de surf (reales y metafóricas)


Eran las 9 de la mañana y estaba brincando olas en la playa cuando lo ví, viéndome, yo había terminado de correr unos 6km el último día de ese viaje y antes de meterme al hotel decidí que quería ir yo sola al mar -"porque ya no tendremos tiempo después". La playa estaba casi vacía, me quite los tenis y la playera, me quede en top y mi short preferido que por suerte había llevado.

Me saludo de lejos, (le regrese el saludo pero primero me asegure que no hubiera nadie detrás de mi)
Se acercó, me dio la mano y un beso en la mejilla. No muy alto pero cuerpo de surfista bronceado. 

-Hola, soy Leo (con maldito acento argentino) 
-Hola, Anna

Nos sentamos en la arena automáticamente, como si no quedara otra cosa por hacer, los siguientes minutos hablamos de yo que sé, del surf , de la costa Argentina, de la jardinería, de porque trabajo con computadoras, del lugar, de las cicatrices, de mi moretón, del tatuaje, de la soledad, de que porque me iba justamente ese día. No se cuanto tiempo paso en realidad.   

Según él , era el tercer año que dejaba su país durante el invierno para pasar tres meses en Puerto Escondido y hacer lo que le gusta en la mejor temporada de olas: surfear. 

-Admiro a la gente que hace eso, que se atreve a hacerlo o encuentra los medios de hacerlo. Le dije.
-Es que siempre se puede. Solo no hay que pretender demasiado, tener la camioneta mas grande o el mejor teléfono. No soy un tipo que pretenda demasiado
Mas bla bla bla

Y luego un beso, y luego más. 

-Voy a decir una tontería pero... quedaté (maldito acento argentino) 
Mas bla bla bla

Después mi hambre me recordó que me esperaban para desayunar. Esta vez le di yo un último beso, me paré de la arena y tome mis tenis, -¿pero como así? (maldito acento argentino) le sonreí, encogí los hombros (no sé como hacer estas cosas, pensé), me sonrió. -Gusto de haberte conocido, me dijo (maldito acento argentino). Sonreí mas.  

-"Leo", como Leo Messi, me dijo la primera persona a la que se le conté. Y después escuche por segunda vez la historia del contrato de Messi firmado en una servilleta. 

A veces hace falta el mar, un desconocido y la historia de la servilleta de Messi para recordarte un par de cosas. 

sábado, 7 de marzo de 2015

El fin también es el principio


Después de 4 años en que pasamos por todos los estados del amor y el desamor, nuestra historia se acabó. tú hacia el norte y yo hacia ningún lugar. Me escondí por donde pude, me agarré a las cinturas que pude, te saqué de las conversaciones como pude y evité ir a los lugares donde coincidíamos como pude. Así acabé perdido en medio de la ciudad de las almas sin rumbo preguntándome por qué cuanto más te esfuerzas en olvidar más la recuerdas. Pasaron varios meses y tras seguir caminando por esa línea decidí tomármelo con calma. Aunque doliera. Aceptar el dolor como el precio de las cosas más hermosas. Tu recuerdo poco a poco comenzó a bajar el volumen de su voz y por un tiempo, según te ibas yendo, estuve de paso por la vida. Fue raro vivir sin sobresaltos, ver cómo poco a poco la tristeza se iba diluyendo en el paso de los días. Así llegó el día que supe que ya no te necesitaba. Esa noche comprendí que el fin también es el principio.

<<La triste historia de tu cuerpo sobre el mio>>